Un adiós de retos por el cambio

Sales de casa, poco ha cambiado desde que saliste ayer. Hoy llueve. O al menos te lo parece. Las nubes bajas parecen desplazarse cansinamente entre los edificios. Los mismos edificios de ayer. Los mismos de antes de ayer. O eso es lo que supones, porque tampoco tienes tiempo de fijarte. Vas tarde.

Un frío inesperado te acaricia la piel. Te molesta. Hace ya días que no debería hacer frío. Te abrochas la chaqueta y aprietas el paso, no quieres llegar tarde al trabajo.

De alguna manera te las apañas para que las 8 horas en la oficina pasen lo más rápido posible y llegas a casa donde intentas ponerte al día con todas la cosas que hay que hacer. Antes decides merendar. Has vuelto hambriento del trabajo y las cosas que tienes por hacer tampoco corren tanta prisa. Apenas queda nada en la nevera. También se están acabando las galletas y los cereales. Miras esperanzado al bol sobre la encimera, pero tampoco queda fruta. Resoplas, una cosa más que retrasa todas esas cosas que tenías que hacer. Debes ir a comprar. Reúnes fuerzas y aunque no te apetece te decides a salir. Sigue haciendo frío y aunque no ha llovido todavía, las nubes amenazan más que nunca, negras, oscuras. Te abrochas de nuevo la chaqueta. Al llegar al supermercado compras cuatro cosas que acaban siendo diez o doce. También compras huevos, ves que hay unos que dicen que son ecológicos. Hace tiempo que viste un documental sobre los huevos y como trataban a las gallinas. Coges la caja de huevos ecológicos pero cuando ya estas a punto de ir hacia la caja lo piensas mejor. Valen el doble que los otros y tu economía tampoco está muy voyante. Maldices por lo bajo mientras traicionas aquella promesa que te debes haber hecho ya quince o veinte veces de comprar productos ecológicos. Igualmente tu economía agradecerá el ahorro, así que coges los otros huevos y vas a pagar.

Maldices de nuevo. Esta vez los huevos no tienen nada que ver. Con las prisas has salido de casa sin bolsas. Pides un par a la cajera. Te da rabia, pero tampoco son tan caras. Al llegar a casa te darás cuenta que tienes demasiadas bolsas, algunas reusables y volveras a maldecir. Pero bueno, al fin y al cabo a las bolsas pueden darseles muchos usos. Ahora si, te puedes poner a hacer todas las cosas que tenías que hacer hoy.

Entre una cosa y otra se te han hecho las 10:30 y hoy dan esa serie que sigues, así que apurandote un poco en fregar los platos, consigues sentarte frente a la tele justo a tiempo de verla empezar. Termina tarde y al día siguiente tienes que trabajar, pero es una buena serie y es apenas el primer momento del día que tienes para sentarte.

Durante los anuncios miras el whatsapp y el facebook. Te han mandado varios memes. Contestas, socializas, respondes con ‘XD’ las cosas que no tienes ganas de leer. Al fin y al cabo ‘XD’ sirve para todo. Cuando empieza la serie dejas el móvil. Hasta la proxima tanda de anuncios. Los anuncios dan para mucho. Ves un vídeo de gente que viaja mucho, tu también tienes ganas pero, ¿Quién encuentra tiempo hoy en día? También ves un vídeo de una tortuga atrapada en unas bolsas de plástico. Pobre tortuga, te hace sentirte triste. Pobre tortuga, con lo que te gustan a ti los animales. Piensas en los pollos, los huevos, las bolsas de plástico, todos los residuos que generas, tu huella de carbono… No, no piensas en nada de eso, pero le das a me gusta y escribes un comentario. Pobre tortuga, te da mucha pena y realmente te gustan mucho los animales. Después de eso la serie vuelve a empezar y termina. Y te vas a dormir. Tu día ha pasado y a duras penas has tenido tiempo para pensar, para observar a tu entorno. Mucho menos para ser consciente de las consecuencias de tus actos sobre el medio ambiente. Llevan años explicandote lo beneficioso que es el reciclaje, pero a parte del trabajo extra que te ha supuesto separar los residuos mientras preparabas la cena, nada durante tu día te ha confirmado lo que te explican. Tampoco el tiempo parece seguir el efecto invernadero. Este año vuelve a hacer frío en mayo y en tu ciudad hay exactamente el mismo bosque de siempre: ninguno. Así que te vas a dormir tranquilo sin pensar en nada de todo esto. Lo mejor: mañana es fin de semana y te vas de excursión con los amigos.

Y te vas de excursión. Hace tiempo que no sales a la naturaleza y el paseo te sienta bien. Todo a tu alrededor es bonito y verde. Ríes, hablas, os ponéis al día y andas un poco. Luego os comeréis unos bocadillos o si hay suerte comeréis en un restaurante de la zona. Es un sitio bonito y agradable. Te dices que tienes que salir más. Diferentes tonos de verde se funden con el azul del cielo para ofrecer un bonito espectáculo que no ves amenudo. Lástima que venir a estos sitios suponga levantarse pronto uno de los pocos días que tienes para descansar. Y coger el coche.

Cuando por la tarde vuelves a casa, tu cerebro ha pasado por alto las latas de cocacola que hábilmente se camuflaban entre los árboles. Algunas habían cogido ese color marron que otorgan los meses a la intemperie y apenas se distinguían de la maleza, otras todavía brillaban en su habitual color rojo. Las latas no era lo único que salpicaba el sotobosque, no eran muchas cosas cierto. Y ya hay quien se encarga de cuidar estos sitios a donde va la gente ¿no?

Al final cuando te metes en la cama nada de esto cruza tu mente. Simplemente estás feliz. Ha sido un buen día y mañana todavía queda otro día de descanso, aunque sea un domingo.

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Cuando hace 1 año nos sentamos en una mesa en Hsi-Paw en Myanmar para ponerle por fin cara y ojos a Retos por el cambio, era un proyecto que nos hacía mucha ilusión. A día de hoy no le hemos dedicado todo el tiempo que creemos que se merece ni hemos tenido el alcance esperado. Cuando uno esta fuera de la vorágine Europea, es fácil pararse a observar el mundo, a considerar las cosas. El cambio climático parece, y es, el más grave de los asuntos. En Europa, quizás también en otros lugares, hemos conseguido relegarlo muy abajo entre nuestras prioridades. Hay muchísimas cosas que requieren nuestra atención en el día a día que hacen que este problema no sea tanto un problema. Los temidos efectos devastadores no son visibles, y eso hace que otras cosas ganen mayor importancia porque sus efectos son apreciables en el día a día o a corto plazo.

Estando fuera y observando día a día la degradación de las playas filipinas, la destrucción de la selva en Malasia o Indonesia, la gran cantidad de plásticos en las calles de la India o Nepal, etc. el problema es algo evidente y que clama vigorosamente por una solución que ya llega 10 o 20 años tarde. Era necesario hacer algo y aunque lo que se observa quede lejos, los efectos son devastadores para todos. Entendimos en su momento que como sociedad que “vive bien” generamos más residuos, aunque se envíen a estos países, y tenemos mayor capacidad de maniobra que aquellos que luchan por sobrevivir en su día a día y soportan, por ejemplo, las mareas de basura.

A día de hoy, creemos que Retos por el cambio ha fracasado, tanto por nuestra indolencia como por no haber sabido ver que era un proyecto que tenía difícil llegar al gran público. Nos gustaría agradecer a todos los blogs que hablaron de nosotros, a todas las webs que alguna vez nos mencionaron y apoyaron y a todos los medios de comunicación que se han hecho eco de retos por el cambio.

Como creemos que un cierre definitivo de este proyecto no ayudaría tampoco a nadie, pasará a un blog gratuito, en otro formato y su código (el de la web) pasará a estar disponible en GitHub bajo una licencia MIT. Aún con este tipo de licencia que se usa para respetar la licencia de CodeIgniter, preferiríamos que no se le diese un uso comercial al código.